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Entrevista a Paco Abril


“El cuidado está desprestigiado, entre otras cosas, porque no se cuantifica económicamente”

Solo el 10% de las parejas en las que ambos miembros trabajan fuera de casa comparten por igual las tareas domésticas y de cuidado de hijos e hijas en el estado. Según Paco Abril, sociólogo e investigador en temas de género y masculinidad de la Universidad de Girona, la participación de los hombres es “bajísima”. Sin embargo, durante los años ha apreciado un cambio de tendencia, que aunque lento, apunta hacia una mayor participación de los hombres en dichas tareas.

¿Cómo son los hombres que se implican en las tareas domésticas y de cuidado?

A partir de un estudio sobre los usos del tiempo, hemos definido tres tipos de perfiles de hombres, según su implicación en estas tareas. Por una parte, están los hombres que representan la masculinidad hegemónica o tradicional, que están todavía muy centrados en el trabajo productivo, y cuya participación en tareas domésticas y de cuidado es escasa. Por otra parte, están los hombres que negocian, que son cada vez más: son jóvenes y forman parejas donde ambos trabajan; precisamente a raíz de que las mujeres trabajan fuera de casa, se establecen unos acuerdos que implican que ellos participen más. De todas formas, estos hombres no son igualitarios del todo, porque la participación es menor de lo que les corresponde, sobre todo en cuanto a tareas domésticas; creo que tiene que ver con esos valores sociales según los cuales el trabajo reproductivo corresponde a las mujeres, sobre todo algunas tareas. También hay diferencias en la calidad de los tiempos.

Por último, habría un tercer grupo muy minoritario (del 2 al 5% de la población masculina) llamado resistente al modelo hegemónico o tradicional, formado por hombres que dan mucha más importancia, al menos durante un periodo de su vida, al cuidado y a las tareas reproductivas, y no a su carrera profesional o productiva. Y en este grupo habría varios perfiles: hombres cuyas parejas tienen mejores trabajos y deciden hacerse cargo ellos, hombres que trabajan en la administración pública y tienen más facilidades para conciliar que sus parejas que trabajan en el sector privado, u hombres que deciden vivir activamente la paternidad; independientemente de los factores anteriores, quieren dedicarle tiempo a sus hijos, y reducen su horario laboral por voluntad propia. Ése último es el rol más igualitario.

¿Qué factores ayudan a que un hombre tome conciencia?

Hay varios tipos. Por una parte, la legislación puede ayudar a estos cambios. Por ejemplo, en los países nórdicos, que es donde más tiempo llevan implantados los permisos de paternidad exclusivos para hombres, se han dado cuenta de que eso implica una mayor conexión de los hombres con el cuidado de los hijos y, por tanto, con la esfera reproductiva. Por otra parte, están los factores de crisis personal: algunos hombres, con el divorcio, los problemas de salud u otros cambios de situación no esperados, se replantean su vida y sus prioridades. También la paternidad es un momento importante de cambio, sobre todo con el primer hijo. Y por último, el contacto con las ideas feministas es otro factor; los hombres más igualitarios han tenido ese contacto, porque sus parejas han sido feministas, o porque han estudiado el tema.

 

¿Qué peso tiene que la identidad masculina esté tan ligada al trabajo?

En la construcción de la masculinidad, el trabajo es un núcleo importantísimo en la vida de los hombres. De hecho, cuando los hombres pierden el trabajo (por estar en paro o jubilarse), es un momento importante de crisis y replanteamiento de valores. Según nuestros estudios, los hombres jubilados, al perder la conexión con la identidad del trabajo cambian mucho, quizá no sus valores, pero sí sus prácticas, que son más igualitarias, porque se replantean tener más tiempo para ellos, para su salud, e incluso empiezan a cuidar a sus nietos, cosa que no habían hecho con sus hijos. También otros hombres se cuestionan esto de forma voluntaria, por ejemplo, si trabajan muchísimas horas y el estrés les hace darse cuenta de que la vida no es solo eso, y que es importante cuidar a los hijos, la pareja, padres... Pero no pasa en la mayoría de los hombres, porque tenemos muy interiorizado que si no trabajamos hemos fracasado en la vida, o que trabajar fuera de casa y ganar dinero es una forma de cuidar a la familia. Hay mucha presión en este sentido.

Los hombres y las mujeres gestionan de manera diferente los tiempos. ¿Cómo afecta esto a los cuidados?

En general, el tiempo de los hombres está más centrado en lo productivo, en lo externo, en lo público, con todo lo que implica no solo en el trabajo, sino también en la calle, el deporte… Las mujeres, sin embargo, tienen la llamada doble jornada: no solo tienen el trabajo reproductivo, que no han dejado de hacer, sino que ahora también tienen el trabajo productivo. Los hombres asumen solo la parte productiva y muy poco la reproductiva, por lo tanto, están más tranquilos y tienen más tiempo para el ocio o para ellos mismos. El problema es que no hay una justicia en cuanto al trabajo reproductivo, porque es un trabajo necesario de hacer, y no se ha repartido; seguimos en el modelo antiguo en el que la mujer asume casi al 100% ese trabajo, y cuando la sociedad cambia y la mujer entra en la doble jornada, surge el conflicto.

Incluso cuando los hombres cuidan, mantienen un tiempo y un espacio personal fuera de la familia. Parecen no tener ese sentimiento de culpabilidad de las cuidadoras cuando disfrutan de un rato de ocio.

Para los hombres es mucho más fácil salir, tener su ocio y sus relaciones fuera de casa, porque sus roles han estado enfocados hacia lo público, mientras que las mujeres han vivido en el mundo privado, en el hogar, y salir de ahí es difícil; es una cuestión de mentalidad y de generaciones. Yo creo que las mujeres tienen que hacer un trabajo ahí, de no sentirse culpables y de conquistar su tiempo personal.

Para las mujeres el cuidado es un deber moral, que viene dado. ¿Qué es para los hombres?

Los hombres no tienen esa presión moral, porque no se les ha exigido nunca que cuiden, todo lo contrario: antes, un hombre que cuidaba era tachado de homosexual. Por eso, para los hombres el cuidado es algo más voluntario, que está vinculado a una satisfacción personal: ‘cuido y me siento bien, porque dedico tiempo a mis hijos, mi pareja y a mí mismo’.

En ese caso, ¿hay diferencias entre cuidar a hijos e hijas, y cuidar a personas en situación de dependencia?

Sí. Si la participación de los hombres es baja en el cuidado de hijos e hijas, lo es más en el cuidado de mayores. Es un trabajo que asumen las mujeres. Ahí se ve que los hombres tienen que sensibilizarse no solo respecto al cuidado de los hijos, sino también de los mayores, de sí mismos, del entorno…

¿Cómo es la calidad de los cuidados? Los hombres que se implican, ¿han dado el paso a organizar las tareas domésticas y cuidados, o se limitan a colaborar?

La mentalidad de muchos hombres de perfil negociador es de participar o ayudar, más que de implicarse al 50%. Y no solo se cuantifica en el tiempo que dedican a tareas o cuidados, también en el tipo de trabajo: hay más participación de hombres en la cocina, pero no tanto en tareas de limpieza, que siguen asumiendo las mujeres. También se ve en el cuidado de los hijos: las mujeres asumen los cuidados básicos (dar de comer, bañar, vestir, comprar…), y los hombres están asumiendo mayoritariamente los cuidados de calidad, como leer un cuento, jugar, pasear y otras actividades mucho más enriquecedoras.

¿Cuáles son las fases psicológicas de los hombres que cuidan?

Cuando los hombres pasan de una masculinidad hegemónica a una más igualitaria, hay factores internos y externos que les influyen. Una de las fases por las que pasan es un sentimiento de soledad; les llamamos los pioneros solitarios, porque a veces es la primera vez que un hombre solicita en su empresa una reducción de jornada o las horas de lactancia; también a nivel social, cuando van al parque se dan cuenta de que la mayoría son mujeres, y eso les hace sentirse aislados. Posteriormente pasan a la fase de justificar sus acciones: ‘hago esto porque es necesario y porque los hombres tenemos que involucrarnos’.

¿El ámbito laboral sigue siendo una resistencia?

El ámbito público no tanto, porque los funcionarios tienen una serie de derechos, pero en el ámbito privado sí, hay muchas resistencias. Muchos hombres no se atreven a pedir, y muchos hombres que están en puestos de dirección ven mal que otros soliciten una excedencia, porque parece que no les interesa la carrera. Es un hándicap que también tienen las mujeres, pero entre ellas se acepta más. Yo creo que esto está cambiando muy lentamente, pero aún es así: no está bien visto que un hombre pida una excedencia para el cuidado, y puede tener dificultades, incluso burlas.

¿Esto responde a una estructura de trabajo organizada desde un punto de vista patriarcal, donde no se valora el cuidado?

Sí, las empresas funcionan todavía para ganar dinero, sin tener en cuenta a las personas. Y es un error, porque en los estudios que se han hecho en empresas que facilitan que sus trabajadores tengan un equilibrio entre su vida personal y laboral, se ha visto que hay una mayor satisfacción personal y mayor productividad. Es decir, es bueno que haya políticas de este tipo. Al mismo tiempo que las empresas donde hay mayor número de mujeres en puestos de dirección y más diversidad en cuanto a orientación sexual funcionan mejor. Pero los empresarios que manejan ese esquema patriarcal y jerárquico no acaban de entender que la línea va por ahí. Y más ahora en momentos de crisis, cuando se plantea reducir los sueldos, ¿por qué no plantear reducir el tiempo? Eso mejoraría la calidad de vida de las personas y de la sociedad. Todavía pensamos en términos poco modernos y poco atrevidos.

Por tanto, para que los hombres den el paso hacia la corresponsabilidad, ¿hace falta revalorizar el cuidado como un bien público y una actitud vital?

Sí. El cuidado está desprestigiado, entre otras cosas, porque no se cuantifica económicamente. Pero cuidar es bueno, no solo porque cuidas a la persona que lo necesita, sino que también te fortalece como individuo. Por tanto hay que valorizar económicamente y socialmente los cuidados. Y los hombres tienen que empezar por cuidar de sí mismos. En cuanto a la salud, por ejemplo, es increíble: muchos hombres no van al médico, no previenen enfermedades, tienen conductas de riesgo, más adicciones que las mujeres… Y eso es porque no saben cuidarse, o no se les ha enseñado. Por eso es importante empezar a cuidar, quizá por uno mismo, porque si no puedes cuidarte a ti mismo es muy difícil que puedas cuidar de los demás.