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Miguel Lorente Acosta:“Combatir la violencia exige contar con nuevas referencias de qué es ser hombre”
Miguel Lorente Acosta, Delegado del Gobierno español para la Violencia de Género
Miguel Lorente es una de las voces masculinas más autorizadas en la lucha contra la violencia hacia las mujeres. El hecho de que la ministra de Igualdad Bibiana Aído nombrara a un hombre como delegado para la violencia de género marcó un hito y reveló la intención del Ministerio de promover la implicación de los hombres a favor dela igualdad. Lorente aporta a su trabajo contra la violencia su formación como forense. Además, ha publicado recientemente un libro titulado Los hombres nuevos. Los miedos de siempre en tiempos de igualdad, en el que describe los rasgos del machismo contemporáneo.
¿Qué balance haces de las medidas dirigidas a hombres que ha impulsado el Ministerio desde su creación?
Lo importante y novedoso es que, desde la primera comparecencia de la ministra en el Parlamento para explicar su programa, se planteó que la prevención de la violencia de género es fundamental, y que pasa por incorporar la masculinidad a las políticas de igualdad. Porque todavía se piensa que hablar de igualdad es hablar de mujeres. Aunque el objetivo sea corregir las situaciones de desigualdad en las que se siguen encontrando mujeres, hay que incluir a los hombres con políticas en las que se identifiquen. Así se evitará que pongan resistencias a los avances y que la igualdad se traduzca en un espacio común de convivencia.
¿Qué políticas públicas se pueden diseñar para prevenir conductas violentas por parte de los hombres?
Se trata de incorporar valores de igualdad, lo que supone renunciar a muchos factores sobre los que se viene construyendo la identidad masculina, y que se traducen en actitudes y comportamientos violentos. Hay que recordar que la violencia no es sólo el golpe ni surge de la nada, sino que parte de pensar que se puede dominar a la mujer partiendo de una posición de poder sobre ella. Si entiendes que tienes ese poder, vas a utilizar la violencia -ya sea el golpe o la humillación- en aquellas circunstancias en las que la consideres el instrumento más eficaz. Combatir esas prácticas requiere contar con nuevas referencias de qué es ser hombre y apartar conductas nocivas. Todavía se justifican con que un hombre es un hombre. Por ejemplo, cuando hay una entrada violenta en el fútbol, se argumenta que es que es un deporte de hombres. O cuando en la obra se transmiten mensajes como “levanta este saco de cemento si tienes huevos”.
Los mensajes de las campañas suelen ir dirigidos a las mujeres, para que denuncien o pidan ayuda. ¿Qué mensaje habría que dirigir a los hombres?
Tolerancia cero. Que no se identifiquen, que no justifiquen ni minimicen las conductas violentas. Que no las presenten como propias de un conflicto de pareja. Los conflictos están ahí; nadie los niega. No se trata de dar la razón a las mujeres y de demonizar a los hombres, sino de incidir en que no hay que resolver los problemas de manera violenta, sino de forma pacífica o, si no es posible, recurriendo a las instituciones competentes. Cuando se dan otro tipo de problemas, por ejemplo en el ámbito laboral, se recurre a tribunales o sindicatos. En cambio, con la mujer en seguida se tiende a la violencia, porque se piensa que es como un hombre tiene que actuar y porque se saca una ventaja de ello. Un hombre no maltrata a una mujer para acabar con la relación, sino para mantenerla bajo el patrón de la desigualdad.
¿Cómo se puede lograr implicar a los hombres que ven la violencia como un problema ajeno y aislado?
Las palabras clave son informar y concienciar. A la hora de presentar medidas de prevención, no basta con explicar para qué son sino porqué se plantean. Hay que romper que con la idea de que la desigualdad no es problema del hombre. En las respuestas del CIS, se ve que el 3,7% de mujeres cita la violencia de género entre sus preocupaciones, frente al 1,5% de los hombres. Que ante un problema tan dramático la percepción sea tan diferente muestra que algo va mal con los hombres, y no es una cuestión biológica. Hay que explicarles que no basta con que ellos no sean violentos con sus parejas, porque el hecho innegable es que ya hay violencia en la sociedad. No podemos mantener una actitud pasiva ante esa realidad.
¿Cuál puede ser la contribución de esos hombres a la lucha contra la violencia?
El primer paso es no entrar en el juego de las banalizaciones, los chistes y las ridiculizaciones de todo lo ligado a la igualdad. Deben velar porque no haya una actitud frívola sobre lo que significa violencia. Tienen que comprender que medidas a favor de la igualdad como la igualación activa -la mal llamada discriminación positiva- no están pensadas para fastidiar a los hombres. Que se olviden de que todo lo que se hace por la igualdad es para perjudicar a los hombres. Se trata de iniciativas para mejorar la convivencia, con las que ellos también ganan. Pueden entender que pierden alguna ventaja, pero que se rompa la dinámica de los roles hombre-agresor y mujer-víctima será positivo para ellos también. Deben mantener una actitud crítica contra la violencia. Hombres que se han posicionado y que incluso han intervenido para parar agresiones, como Jesús Neira [el hombre que estuvo en coma a consecuencia de la paliza que le propinó un agresor que estaba maltratando a su compañera en plena calle], son importantes porque ayudan a que otros sigan su estela.
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