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Maribel Pizarro:“La implicación y el cambio de los hombres es estratégico para las mujeres”
Maribel Pizarro, directora de Ez:Berdin
El centro Ez:Berdin nació en abril para educar, investigar y sensibilizar sobre masculinidades y sexismo, de la mano de On:giz Berdintasunaren Aldeko Elkartea, el Grupo de Hombres por la Igualdad en Álava (GHIA), y el Departamento de Juventud y Promoción Social de la Diputación Foral de Álava. Su directora Maribel Pizarro cree fundamental romper con el espejismo de la igualdad, e implicar a los hombres en la lucha por la igualdad de género y contra la violencia machista.
¿Cómo surgió Ez:Berdin?
Ez:Berdin Zentroa surge a partir de la confluencia del trabajo desarrollado durante casi tres años por parte de dos asociaciones: GHIA y On:giz, organización a la que pertenezco. On:giz está formada por mujeres y hombres; surge a raíz de un proyecto desarrollado entre 2006 y 2008 por el Instituto Foral de Bienestar Social de la DFA, el Departamento de Psicología Social de la UPV/EHU y un equipo de formadores con experiencia en trabajo con hombres y género. Uno de los objetivos de dicho proyecto era diseñar la puesta en marcha de una escuela de educación no sexista desde donde trabajar el tema de las masculinidades. A la vez que diseñamos la escuela, las personas que habíamos trabajado en ese proyecto decidimos crear una asociación que tuviera como línea de trabajo fundamental promover la implicación de los hombres en la igualdad y en la lucha contra la violencia hacia las mujeres.
¿Qué objetivos tiene?
Los objetivos de Ez:Berdin son promover la participación de los varones adultos y jóvenes en la consecución de la justicia de género y en la lucha contra la violencia de género; promover un cambio de actitudes y prácticas en los varones que contribuyan a transformar el desequilibrio de poder existente entre hombres y mujeres, en sus relaciones, en sus familias y en sus comunidades; promover entre los varones el cuestionamiento de modelos o patrones de masculinidad injustos y violentos, con el fin de que apuesten por modelos más saludables y no-violentos; promover entre los varones actitudes y comportamientos corresponsables en torno a la paternidad y al cuidado de las personas dependientes; y sensibilizar a la sociedad, a las organizaciones sociales y a las instituciones públicas sobre la importancia de implicar a los varones en la lucha contra la violencia hacia las mujeres y en el logro de la equidad de género.
¿Qué balance haces de nueve meses de actividad?
Mi balance es positivo pero mejorable. Hemos conseguido llevar a cabo todas las actuaciones de sensibilización y formación que teníamos previstas e incluso algunas que no preveíamos, pero todavía tenemos mucho camino por recorrer y por mejorar. Creo que es fundamental llevar a cabo un plan de acción dirigido a generar alianzas con otras organizaciones sociales, incluidas las de mujeres y feministas, así como con las instituciones públicas. Para ello es fundamental explicarles por qué creemos imprescindible trabajar para implicar a los hombres en la igualdad y en la lucha contra la violencia; qué beneficios reporta a las mujeres y a los propios hombres.
Otro aspecto mejorable tiene que ver con la accesibilidad del recurso a todo el territorio de Álava. El hecho de estar ubicado en Vitoria-Gasteiz dificulta su utilización por parte de la ciudadanía, organizaciones sociales e instituciones públicas del resto del Territorio.
Las mujeres llevan décadas trabajando la igualdad. ¿Se han quedado atrás los hombres?
Hasta hace pocos años, salvo contadas excepciones, los hombres (da igual de qué ideología) no han mostrado interés por la igualdad de mujeres y hombres, e incluso podríamos asegurar que estaban en desacuerdo con ella. No hay que olvidar que el patriarcado les otorga una serie de privilegios sólo por el hecho de nacer hombres, aunque algunos también han comprendido que esto no es gratis sino que lleva una serie de contrapartidas: dificultades para contactar y expresar emociones positivas, dificultades para gestionar las relaciones afectivo-sexuales de manera satisfactoria, tener que demostrar y mostrar su hombría… Son algunos de estos hombres, pocos pero cada vez más, quienes a día de hoy están trabajando a favor de la igualdad y contra la violencia machista.
En cuanto a los demás hombres (la gran mayoría), si bien no dispongo de datos contrastados, creo que encontramos diferencias muy marcadas en función de la edad. Entre quienes tienen más de 50 años, muchos se sienten “desorientados”; otros sienten una cierta indignación por “tanta igualdad” (¿hasta dónde quieren llegar las mujeres?, se preguntan); creo que los más mayores opinan que esto va demasiado rápido, que las cosas no se pueden cambiar a tanta velocidad sino que hay que ir poco a poco.
Entre los varones más jóvenes, creo que las opiniones son más igualitarias y que comparativamente a otras generaciones podemos encontrar un porcentaje más alto de hombres a favor de la igualdad y contra la violencia. No obstante, hay bastante trabajo por hacer, porque en cuanto “rascas un poco” aparecen actitudes sexistas y comportamientos machistas, sobretodo en las relaciones de pareja o en relación a la maternidad y la paternidad.
Me preocupa que los hombres se queden atrás, pero también me preocupa mucho que las mujeres se queden atrás. Digo esto porque el espejismo de la igualdad también les afecta a ellas, sobre todo a las jóvenes. Con esto quiero decir que hay que trabajar con las mujeres y con los hombres. La socialización de género, el sexismo, el machismo deja su impronta en unas y en otros, es la manera que tiene el patriarcado de sobrevivir a lo largo de los siglos a pesar de los cambios políticos, económicos y culturales. Como dice Celia Amorós, se trata de un sistema “metaestable”.
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