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El Empoderamiento y la Participación Sociopolítica de las Mujeres


Introducción

Nos encontramos en una sociedad en la que, a pesar de haber dado grandes pasos en la igualdad entre mujeres y hombres, sigue manteniendo importantes desigualdades en términos de reparto de poder, recursos y beneficios. El sistema patriarcal define al género masculino sustancialmente desde el poder, y en contraposición, al género femenino desde la subordinación. Las relaciones desiguales de poder están presentes en todos los campos de la vida y se expresan de múltiples formas: en el ámbito privado a través de la violencia como mecanismo de dominio y control, en el ámbito público desde la exclusión sistemática de las mujeres de la autoridad, de la influencia, del dinero y de los recursos. Es decir, desde la anulación de su autonomía física, económica, social y política.

Para romper con estas relaciones jerárquicas y que se produzca un reequilibrio del poder, las mujeres deben ir conquistando el poder a través de la reconstrucción social de las relaciones de género. Pero no a partir del concepto de poder acuñado por el sistema patriarcal, sino desde otra concepción del poder, el poder entendido desde la autonomía y la ciudadanía plena de las mujeres.

En este sentido, podemos hablar de al menos cuatro tipos de autonomía a conquistar por las mujeres: la autonomía física, que implicaría el ejercicio del poder y el control sobre su propio cuerpo, su sexualidad y fertilidad; la autonomía económica, que conllevaría tener acceso y control sobre los recursos y bienes; la autonomía política, que supone el acceso y el ejercicio efectivo de los derechos políticos básicos, que incluyen el derecho a participar en las instituciones, en los ámbitos de decisión, en los partidos políticos… La autonomía sociocultural, que conllevaría además del acceso y control de los recursos culturales y la información, tener derecho a una identidad independiente, reconocimiento del valor propio y sentimiento de autoestima.

El empoderamiento y la participación sociopolítica de las mujeres son estrategias indispensables para alcanzar esta autonomía y la posición de ciudadanas de pleno derecho. ¿Pero qué entendemos por empoderamiento? El término empoderamiento es una traducción literal del concepto inglés empowerment y significa "ganar poder", fortalecerse, en la posición social, económica y política de las mujeres. Alude a un proceso de toma de conciencia individual y colectiva de las mujeres, que les permite aumentar su participación en los procesos de toma de decisiones y de acceso al ejercicio de poder y a la capacidad de influir.

El proceso de empoderamiento comprende dos niveles, el individual y el colectivo. A nivel individual supone el proceso de toma de conciencia de las mujeres sobre su subordinación y, a nivel colectivo, la adquisición de una conciencia común sobre la dependencia social y la discriminación que sufren las mujeres en los diferentes ámbitos de la vida. Hablamos así de una estrategia amplia, que abarca tanto lo subjetivo como lo objetivo, lo individual y lo colectivo, lo local y lo global. Individual, porque se inicia a través de la toma de conciencia individual en la cual cada mujer reconocerá sus fortalezas y consolidará su poder personal con el fin de ejercer su capacidad de influencia. Colectivo, entendiendo que el proceso no terminará en lo individual sino que trascenderá al plano colectivo. El trabajo realizado desde la individualidad y subjetividad, servirá a las mujeres para organizarse en torno a la lucha por sus intereses colectivos, es decir, por sus intereses de género. Local y Global, en la medida en que se trata de una estrategia que brinda a las mujeres la posibilidad de comprender la realidad de su medio más inmediato (social, político, económico, ecológico y cultural), de reflexionar sobre las estructuras de poder que las constriñen y tomar iniciativas destinadas a mejorar su condición y posición en el mundo.

El empoderamiento es, por tanto, una estrategia válida para alcanzar el poder y convertirse en personas que ejercen su individualidad desde la autonomía y la ciudadanía plena. Al mismo tiempo, es un proceso necesario para alcanzar la igualdad de oportunidades de mujeres y hombres, ya que ésta sólo vendrá desde la ruptura de las relaciones jerárquicas de poder y desde la reconstrucción de un nuevo modelo de poder que no excluya a las mujeres.

No obstante, un nuevo modelo de organización social inclusivo y no jerarquizado difícilmente podrá ser construido si el otro 50% de la población se mantiene al margen de dicho proceso. Por ello, junto con el empoderamiento de las mujeres, es necesario articular fórmulas y espacios que favorezcan que los hombres, tanto individualmente como, en su caso, de forma colectiva, se sensibilicen y reflexionen acerca de la justicia, legitimidad y sostenibilidad del actual sistema patriarcal que sitúa a las mujeres en una situación estructural de subordinación respecto de los hombres, así como sobre las consecuencias negativas que los estereotipos y roles en función del sexo sobre los que se asienta dicho sistema tienen de cara al desarrollo integral de su propia personalidad, en la medida en que impiden o dificultan el aprovechamiento de todas sus potencialidades y capacidades, especialmente las relacionadas con el mundo reproductivo y de los afectos. Entendemos que estos procesos de sensibilización y reflexión pueden favorecer que cada vez sean más los hombres dispuestos a cuestionar el modelo tradicional de masculinidad, a renunciar a los privilegios que les pueda aportar el sistema patriarcal y a comprometerse de forma activa en la consecución de un nuevo modelo social más democrático, justo e igualitario, donde todas las personas sean libres, tanto en el ámbito público como en el privado, para desarrollar todas sus capacidades personales y tomar decisiones sin las limitaciones impuestas por los roles tradicionales en función del sexo, y en la que se tengan en cuenta, valoren y potencien por igual las distintas conductas, aspiraciones y necesidades de mujeres y hombres. Es por ello por lo que a lo largo del Plan se recogen algunas actuaciones dirigidas a promover una mayor implicación de los hombres en la construcción de ese nuevo modelo social.

Antecedentes

El Empoderamiento es una estrategia surgida en la India en 1984 e introducida en la III Conferencia Mundial de la Mujer (Nairobi, 1985) que se definió como "el acceso paulatino de las mujeres al control de recursos materiales (físicos, humanos o financieros, como el agua, la tierra, los bosques, los cuerpos, el trabajo, el dinero) de recursos intelectuales (conocimientos, información, ideas) y de ideología (facilidades para propagar, sostener e institucionalizar creencias, valores, actitudes y comportamientos)".

Marco Legal

La Ley 4/2005 para la Igualdad de Mujeres y Hombres, (http://www.emakunde.es/images/upload/LeyIO_c.pdf), según su artículo 1, tiene por objeto promover y garantizar la igualdad de mujeres y hombres, y en particular promover la autonomía y el fortalecimiento de la posición de las mujeres. Además, en su artículo 3, que recoge los principios generales, establece "que los poderes públicos vascos han de adoptar las medidas oportunas para garantizar el ejercicio efectivo por parte de mujeres y hombres, en condiciones de igualdad, de los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales y del resto de derechos fundamentales que puedan ser reconocidos en las normas, incluido el control y el acceso al poder y a los recursos y beneficios económicos y sociales".

La Ley viene a remarcar que la igualdad de oportunidades no sea únicamente referida a las condiciones de partida o inicio en el acceso al poder y a los recursos y beneficios sino también a las condiciones para el ejercicio y control efectivo de aquellos. En este sentido, la Ley señala la necesidad de implantar medidas que posibiliten que las mujeres además de acceder al poder y a los recursos, puedan ejercerlo y controlarlo. Si bien este articulado no señala explícitamente la palabra empoderamiento, implícitamente hace referencia a este proceso.

Asimismo, la Ley recoge todo un capítulo dentro de su título tercero en el que impone medidas para el impulso de la participación sociopolítica de las mujeres. Entre las que se encuentra la creación de una entidad que posibilite la participación efectiva de las mujeres y del movimiento asociativo en el desarrollo de las políticas públicas y sea una interlocutora válida ante las políticas públicas vascas en materia de igualdad de mujeres y hombres.

Por otro lado, el IV Plan para la Igualdad de Mujeres y Hombres (http://www.emakunde.es/images/upload/IVPI_c.pdf) debe ser la estructura desde la que sustentar, impulsar y facilitar procesos de empoderamiento de las mujeres. Si bien partimos de diferentes limitaciones para tal fin. Por un lado, las de la propia naturaleza de la intervención pública para impactar en las conciencias individuales y en las identidades y subjetividades. Por otro lado, las del propio proceso que se quiere impulsar, en el sentido de que el empoderamiento es un proceso que nace desde la toma de conciencia personal e individual y no puede venir dado por ninguna institución, aunque sí facilitado.

En este sentido, este Plan quiere contribuir a impulsar y sustentar estos procesos de empoderamiento y asimismo impactar en la autonomía de las mujeres. Para ello, se articulan cuatro líneas de trabajo desde las que contribuir a la autonomía de las mujeres en las esferas física, política, económica y sociocultural. En estas líneas se introducen programas que incluyen en sus estrategias de intervención actuaciones que pretenden incidir en la toma de conciencia de las mujeres e impulsar procesos de empoderamiento.

Por otra parte, la participación sociopolítica de las mujeres se inserta como una línea trasversal desde la que trabajar en el empoderamiento a nivel colectivo de las mujeres. Esta contiene actuaciones que tienen como objetivo incrementar la participación de las mujeres en el ámbito social y político, a través del establecimiento de mecanismos de democracia participativa, el impulso de órganos de participación, y la realización de actuaciones que tengan que ver con el aumento de su capacidad de influencia en el seguimiento y control de las políticas públicas y específicamente de las políticas de igualdad.

- La Autononomía Física: Desde esta línea de trabajo pretendemos impactar en el aumento de la autonomía física de las mujeres, articulando programas que posibiliten y fomenten el ejercicio del poder y el control sobre su propio cuerpo, su sexualidad y fertilidad. Esta línea contiene dos programas relacionados directamente con el área de salud y que tienen que ver por un lado, con incluir en el sector de la medicina las demandas de atención y detección de las enfermedades con mayor incidencia en las mujeres, y por el otro, con el aumento del control de las mujeres sobre su salud reproductiva.

- La Autonomía Económica: En esta línea incluimos aquellos programas relacionados con el aumento de la autonomía económica de las mujeres, que implica tener acceso y control sobre los recursos y bienes socioeconómicos. Los programas diseñados impactan directamente en el área de empleo e inclusión social. Los enclavados en el área de empleo están relacionados con el acceso al empleo y a las condiciones laborales en igualdad de oportunidades con los hombres. Desde el programa de inclusión social se trabaja desde la mejora de las condiciones y posiciones de las mujeres que sufren exclusión social y discriminación múltiple.

- La Autonomía Política: En esta línea de trabajo se impulsa la autonomía política de las mujeres que supone el acceso y el ejercicio efectivo de los derechos políticos básicos que incluyen el derecho a participar en las instituciones, en los ámbitos de decisión, en los partidos políticos… En ella articulamos dos programas. El primero de ellos, impacta directamente en el derecho de las mujeres a acceder e intervenir en la planificación del espacio público, y un segundo programa que incide en el aumento de la presencia de las mujeres en el sector educativo.

- La Autonomía Sociocultural: En la cuarta línea abordaremos la autonomía sociocultural de las mujeres, que conlleva, además del acceso y control de los recursos culturales y la información, el derecho a una identidad independiente, reconocimiento del valor propio y el sentimiento de autoestima. Para ello se incluyen cinco programas que trabajan en las tres direcciones. En el programa de Urbanismo, Transporte Público y Medio Ambiente, así como en el programa de Cultura, se incide en el reconocimiento a nivel simbólico de los logros a nivel artístico, cultural de las mujeres y en la recuperación de su memoria histórica y autoestima. Desde el programa de Educación se persigue una visión no androcéntrica del conocimiento. Y desde los dos programas restantes de Cultura se persigue el objetivo de que las mujeres puedan acceder y participar en igualdad de oportunidades en los ámbitos deportivo y de comunicación.

- Impulso de la participación social y política de las mujeres: Esta línea de trabajo trasversal quiere incidir en el empoderamiento a nivel colectivo de las mujeres a través de las siguientes directrices, algunas de ellas previamente marcadas por la Ley:

  • Introducir procesos de democracia participativa en los que las mujeres participen de forma activa.
  • Fortalecer órganos de participación de las mujeres, como los Consejos de Igualdad.
  • Introducir en las organizaciones sociales, políticas y culturales, educativas, etc., objetivos relacionados con la Igualdad de Oportunidades.
Fecha de la última modificación: 22/04/2008