

Contextualización
Programas del V Plan para la Igualdad de Mujeres y Hombres en la CAE dirigidos al empoderamiento de las mujeres y al cambio de valores
Autonomia personal y cambio de valores
Acceso y control de los recursos económicos y sociales
Participación sociopolítica e influencia
Nos encontramos en una sociedad en la que, a pesar de haber conseguido grandes avances en la igualdad de mujeres y hombres, sigue manteniendo importantes desigualdades en términos de acceso, ejercicio y control efectivo de derechos, poder, recursos y beneficios por parte de unas y otros.
El sistema patriarcal segrega y estableciendo relaciones asimétricas de poder entre mujeres y hombres. Lo masculino resultará definido desde una posición de dominio, y lo femenino desde la subordinación. Las relaciones desiguales de poder están presentes en todos los campos de la vida y se expresan de múltiples formas: en el ámbito privado, por ejemplo, a través del maltrato doméstico como mecanismo de dominio y control sobre las mujeres; en el ámbito público, puede concretarse en la feminización de la pobreza, en la exclusión sistemática de las mujeres del ámbito de la participación y la toma de decisiones, del acceso a los recursos, etc. De hecho según el fondo de las Naciones Unidas para la mujer (UNIFEM), la presencia de mujeres en los ámbitos de decisión es el único indicador de desigualdad de género que no varía en función de los recursos económicos de un país.
A fin de ir avanzando hacia un mayor equilibrio de poder en las relaciones personales y sociales de hombres y mujeres, éstas deben ir conquistando el poder a través de la reconstrucción social de las relaciones de género, mediante la consecución de la autonomía y la ciudadanía plena.
La palabra “empoderamiento” es una traducción literal del término inglés empowerment y significa “ganar poder”, fortalecerse, personalmente y en la posición social, económica y política.
La estrategia del empoderamiento, aunque introducida ya en la III Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas (Nairobi, 1985), logró un mayor desarrollo y su consolidación en la IV Conferencia Mundial (Beijing, 1995).
Podemos definir el empoderamiento como un aumento de la autoridad y poder de la persona sobre los recursos y las decisiones que afectan a la vida.
Alude a un proceso de toma de conciencia individual y colectiva de las mujeres, que les permite aumentar su participación en los procesos de toma de decisiones y de acceso al ejercicio de poder y a la capacidad de influir.
Individual, ya que supone un proceso personal de toma de conciencia de las mujeres sobre su subordinación, que se inicia a través de un proceso individual en la cual cada mujer toma conciencia de sus propios derechos, de sus fortalezas e intereses, y consolida su autonomía y poder personal, con el fin de ejercer su capacidad de influencia y de decisión.
Colectivo, porque alude al proceso por el cual los intereses de las mujeres se relacionan, a fin de incrementar su poder en el acceso, uso y control de los recursos materiales y simbólicos, de los beneficios y de ganar influencia y participar en la toma de decisiones y en el cambio social, desde una posición colectiva más sólida.
En ese sentido se entiende que el proceso no termina en lo individual sino que transciende al espacio colectivo, de forma que el trabajo realizado desde la individualidad y la subjetividad, le servirá a las mujeres para organizarse en torno a la lucha por sus intereses colectivos, es decir, por sus intereses de género.
El artículo 1 de la Ley 4/2005, para la Igualdad de Mujeres y Hombres, recoge la necesidad de “promover y garantizar la igualdad de oportunidades y trato de mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida y, en particular, a promover la autonomía y a fortalecer la posición social, económica y política de aquellas”. Además, en su artículo 3, en el que se recogen los principios generales que deben regir y orientar la actuación de los poderes públicos vascos en materia de igualdad, establece que estos “deben adoptar las medidas oportunas para garantizar el ejercicio efectivo por parte de mujeres y hombres, en condiciones de igualdad, de los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales y del resto de derechos fundamentales que puedan ser reconocidos en las normas, incluido el control y el acceso al poder y a los recursos y beneficios económicos y sociales”. Viene a remarcar así, que la igualdad de oportunidades no sea únicamente referida a las condiciones de partida o inicio en el acceso a los derechos, al poder y a los recursos y beneficios, sino también a las condiciones para el ejercicio y control efectivo de aquellos. En este sentido, señala la necesidad de implantar medidas que posibiliten que las mujeres, además de acceder a ellos, puedan realizar un ejercicio efectivo y control de estos. Si bien este articulado no señala explícitamente la palabra “empoderamiento”, implícitamente hace referencia a este proceso. Asimismo, recoge en el capítulo I del título III, una serie de medidas para el impulso de la participación socio-política de las mujeres.
El empoderamiento es, por tanto, una estrategia válida para alcanzar el poder y convertirse en personas que ejercen su individualidad desde la autonomía y la ciudadanía plena. Al mismo tiempo, es un proceso necesario para alcanzar la igualdad de oportunidades y de trato de mujeres y hombres, ya que ésta sólo podrá construirse, de manera plena, a partir de la construcción de una sociedad en la que mujeres y hombres tengan una participación igualitaria en los ámbitos público y privado, y en la que se articule una relación no jerarquizada entre mujeres y hombres.
Para el logro de este objetivo es necesario, junto con el empoderamiento de las mujeres, articular fórmulas y espacios que favorezcan el incremento del número de hombres que, en el espacio público y privado, cuestionan el modelo tradicional de masculinidad, desarrollan actitudes y comportamientos acordes y coherentes con el objetivo de la igualdad y se comprometen, junto con las mujeres, en el desarrollo integral de mujeres y hombres y en la consecución de una sociedad más justa e igualitaria, que resulte beneficiosa para unas y otros.
Con el fin de trabajar de forma conjunta en todos los ámbitos y aspectos que comprende el empoderamiento y el cambio de valores el V Plan para la Igualdad de Mujeres y Hombres en la CAE propone trabajar en tres programas:
El objeto de este programa es facilitar a las mujeres el ejercicio del derecho a una autonomía personal, obtenida mediante el reconocimiento del valor propio y el sentimiento de autoestima. Esto implica incrementar la autonomía de las mujeres tanto en el ámbito psicológico y de toma de decisiones personales, como en el ámbito físico y del cuidado del cuerpo. En el ámbito psicológico se trata de fomentar que las decisiones que tomen y que afecten a los distintos espacios vitales, respondan a sus intereses y necesidades. En el ámbito de la autonomía física, se trata de facilitar y fomentar que las mujeres se tomen el tiempo y la actitud de cuidarse a sí mismas, mediante la adquisición y/o mantenimiento de hábitos saludables que frecuentemente sacrifican para cuidar de las personas de su entorno. A nivel tanto físico como psicológico, la autonomía personal implica por último un mayor ejercicio del poder y el control sobre sus relaciones afectivas, su sexualidad y fertilidad.
Para facilitar la autonomía de las mujeres y la toma de conciencia de género, es de importancia también trabajar hacia un cambio de creencias, actitudes y comportamientos en el entorno, lo que indudablemente lleva a hablar de valores, así como de roles y estereotipos de género, tanto en el ámbito público como privado.
En todo ello desempeña un papel fundamental el incremento de la promoción, reconocimiento y difusión del saber generado por mujeres y sobre la situación de las mujeres. El incremento del saber generado por mujeres supone un impulso a la visibilización del trabajo y las aportaciones realizadas, así como la promoción de un espacio fundamental de empoderamiento. La difusión del conocimiento generado específicamente sobre la situación de las mujeres permitirá avanzar en el cambio de valores y en la promoción de la igualdad.
La autonomía económica conlleva tener acceso y control sobre los recursos y bienes, tanto de tipo económico, mediante el acceso a la igualdad en el empleo y el ejercicio de los derechos laborales y la reducción de la feminización de la pobreza, como el acceso a los recursos sociales, considerando como tales el transporte, las nuevas tecnologías, los recursos sanitarios, la oferta cultural, artística y deportiva.
La igualdad en este ámbito será plena cuando se produzca un acceso, ejercicio efectivo y control de los mismos por parte de todas las mujeres, especialmente aquellas cuyas circunstancias personales las sitúan en una situación de discriminación múltiple. Ello, necesariamente lleva a poner de manifiesto, no sólo el principio de accesibilidad a los recursos, sino la necesidad de que los recursos tengan en cuenta las distintas necesidades, condiciones de vida y posiciones de las mujeres, desde su conceptualización y diseño.
La autonomía social y política supone el acceso y el ejercicio efectivo de los derechos políticos básicos. Esto implica promover el ejercicio del derecho de las mujeres a participar en el ámbito sociopolítico y en los procesos participativos promovidos por las instituciones, para lo cual se requiere reforzar la presencia de las mujeres y de las asociaciones para la igualdad, en los movimientos asociativos, partidos políticos y movimientos sindicales, así como en los procesos y estructuras públicas para la participación. Al mismo tiempo, la participación sociopolítica de las mujeres será plena cuando se consiga la paridad en los ámbitos de decisión, tanto en la administración pública como en las empresas privadas u organizaciones y asociaciones sin ánimo de lucro.